"El tamaño de un hombre puede medirse por el tamaño de las cosas que le encolerizan." Eso leyó el Capitán y cerró el libro, porque esa es la frase que estaba buscando. Reconoció la rabia inmediatamente, la sintió propia y creyó que esa era la llave que buscó por años. La rabia de luchar contra todos en el mundo, la rabia de luchar contra las montañas que se levantan tan alto y se caen sobre el hombre que quiere llegar a la cima y desde arriba miran con lástima al humano que trepa a duras penas, la rabia y la ira que le provocan las agendas y la lucha contra el tiempo, al capitán no le gusta que lo apuren, siente que la vida le debe algo. La rabia de no poder llegar a puerto, de no saber dónde está el destino y de no poder leer la carta de navegación porque la escribieron en un idioma que él no entiende. Anoche, mientras el Capitán dormía vino el ángel que lo ha cuidado todos estos años y le dijo: "capitán, la carga está en buenas condiciones, la tripulación está dispuest...
En este mar gigantesco de caras y cemento, envío mi mensaje en la botella... agua, agua!!! tanta agua por doquier y ni una gota para beber.