jueves, octubre 29, 2009

 

Yo tampoco me puse a buscar.

Se me derrumbó el castillo que tenía hasta ahora. Dejé de creer en los sueños. Los que tenía de niño, los sueños que atesoraba y defendía como si de eso dependiera mi vida. Ahora que los he perdido, ni siquiera podría enumerarlos, no los recuerdo, no los tengo ya conmigo y sólo me quedan mis 5 deseos. Lo peor es que ahora no tengo sueños nuevos, me he dejado consumir por la realidad y la rutina y la aceptación de que esto es lo máximo que uno puede alcanzar y que los sueños eso son, sólo sueños que se los lleva el aire y el tiempo y perseguirlos te lleva a calles sin salida, te consume las energías que necesitas para luchar día a día con las cosas de la calle, con la gente del trabajo, con las obligaciones de hombre adulto, con los lazos invisibles. Antes solía conversar con Di-s todos los días en mi interior, como si se tratara de un amigo que caminaba todo el día conmigo y que conocía mis secretos y mis gustos como nadie lo podría haber hecho en este mundo. Cada día le hablaba y le contaba desde los problemas que me atormentaban en lo más profundo de mi niñez azotada cada día contra la muralla de la gente con poder, hasta las necesidades inmediatas y cotidianas: "Señor, por favor, que pase ahora la micro que me lleva a la casa"

Todo eso despareció y se enterró solo en el suelo y no salió más. Yo tampoco me puse a buscar.

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